No voy a ser (tu) diccionario

Era nuestra cita número…ahora que recuerdo, ya no estaba contando. Se estaba haciendo parte de mi vida verte muy seguido y me gustaba. Creo que a ti también. La confianza había crecido, entonces te acepté la salida a devorar una mesa llena de kibbes, falafels y humus sin miedo a que me veas embarrada. 

Como lo hacíamos al salir, te contaba sobre mi día. Fue una conversación bien sazonada, tal cual el tabbouleh que decidimos compartir. Entonces, mientras hablaba, lancé un mierda, un carajo, y luego un qué hijue…sabes el resto. Sí, decía “malas palabras” con regularidad para aderezar cualquier frase que necesitaba su énfasis.

Te detuviste y me miraste tan feo que pensé que tenía algo en el diente. Entonces, fue ahí que dijiste sarcásticamente: esa boquita. Me reí, lo tomé como algo casual. Pero luego, agregaste: tan mal hablada y eres tirada a escritora, no lo entiendo

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Ilustraciones de Valeria Constante (@ellastrips)

Así, el apetito se me fue y el baklava de la vitrina ya no se veía tan rico. Te quedé mirando por unos segundos, pero tú no me mirabas de vuelta. Me puse un tanto grosera y te dije: y qué, ¿quieres que hable siempre como diccionario? 

Lanzaste una risa medio nerviosa y un no. La conversación se puso forzada y yo empecé a contar los segundos para irme. Lo peor es que la siguiente vez que te vi (salida que acepté por tonta), lanzaste un ¿por qué siempre sales despeinada? Realmente no te contesté como quería, entonces lo hago aquí: déjame ser. 

Esta anécdota me transportó a la época en que se creía que  “las señoritas no dicen malas palabras”. Lamentablemente, esa época sigue siendo hoy…porque lo escucho, porque ya no solo es mi abuela, porque nos siguen viendo como si tuviéramos algo en el diente. ¿Hasta cuando? Pues, hasta dónde nosotras lo permitamos. 

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Ilustraciones de Valeria Constante (@ellastrips)

Esto no es un llamado para que digan más malas palabras, pero, para que jamás nadie las haga sentir que no deben ser ustedes mismas. Si les exigen cambiar o callarse (como fue en mi caso), están en el lugar incorrecto.

No soy la primera, ni la última. No soy la única que se ha enamorado para luego decepcionarse con una relación insípida. Si se lo preguntan, ya no sé que será de él, pero espero que algún día encuentre a la princesa que quiere (pero creo que será de un libro).  Si lo veo, le diría que gracias, ya que después de enterarme que “soy tirada a escritora”, solo me dan ganas de creérmelo más. ¡Qué viva la escritura, las malas palabras y lo que a mi y a todas nos dé la  PUTA GANA de celebrar!

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