Una cena casera virtual

En mi última semana en Boston, a principios de Marzo, conocí a la artista visual Evelyn Rydz. Fue en la mañana de un lunes después de un largo Spring break. Fue una entrevista para un examen que terminó en una conversación del alma . Fue una nueva amistad que continúa hasta hoy.

Empecé con un saludo tímido y me despedí con la pregunta de dónde podía tomar café cerca de su emblemático estudio en el South End. Así también conocí South End Buttery, cafetería que me vio divagar por mis notas y anotar en mi cabeza cómo empezaría el artículo sobre el proyecto de Evelyn: Comida Casera.

Evelyn en su estudio

 

Comida Casera es una serie de cenas íntimas entre mujeres que no se conocen. El único requisito para las asistentes es que lleven un plato inspirado en una mujer que admiren.

Esto quiere decir, una persona puede llevar la torta de su mamá, la lasagna que prepara con su mejor amiga, el dip que su jefa lleva a la oficina o una ensalada colorida que hace su hermana. Pueden ser platos de comida casera o platos de personas que las hayan hecho sentir en casa.

Rydz arrancó este proyecto en el 2016 en su patio. Ella buscaba formar una comunidad entre mujeres que conocía y podrían ser buenas amigas. Las cenas se han replicado en salones de clases de universidad, museos, galerías, centros culturales, entre otros.

Comida Casera en el Carpenter Center for Visual Arts de Harvard (2018)
Foto de Mel Taing, la fotógrafa del evento.

“Comunidad”, “conexiones” , “cena multigeneracional” fueron algunas de las palabras que repetía Evelyn sin parar.

Evelyn coloca el nombre de cada asistente en su puesto antes de cenar. 
Foto de Mel Taing

Después de cuatro años de organizar las cenas, alrededor de dos veces al año, la dinámica no ha cambiado. Evelyn siempre da palabras de bienvenida y después cada una presenta su plato y cuenta la historia detrás de este.

Luego, comen y continúan con la conversación para olvidarse un poco de su rutina, de su trabajo, de sus responsabilidades, hasta de quiénes son. Nadie tiene qué decir en qué trabaja o cuántos años tienen. Eso no importa, nada tiene sentido, ni el plato frente a ellas con una miscelánea de sabores dulces, salados, picantes o inventados que se crea luego que cada una se sirve un poquito de todo.

“Lo que de verdad se come, son las historias”, me dijo Evelyn, sonriendo, emocionada por la próxima cena que iba a ser el 6 de abril, a la que yo estaba invitada.

Foto de  Mel Taing

Para el 6 de abril, me había planteado hacer un tigrillo (plato ecuatoriano) con la funda de chifles (green plantain chips) que tenía guardada en mi cuarto. Una tía que vive en Manabí me enseñó hacerlo “con haaarta mantequilla” en un feriado en la playa en Crucita. Envés de usar verde cocinado o frito, se tritura el chifle mientras el huevo se revuelve en el sartén con cebollita chiquita. También se le pone leche, y luego de triturar los chifles en el sartén, se espolvorea queso manaba rayado, y bastante. Se sirve en un plato decorado con yerbita … y como buen manaba, con sal prieta también. Yo estaba lista para replicarlo con el queso de Trader Joe’s y contar lo importante que había sido Crucita en mi vida. Le había prometido a mi primo este pequeño tributo a Manabí, y lo iba a hacer como se lo merecía y más.

Sin embargo, nada de lo anterior pasó. La cena fue cancelada, tuve que irme de Boston y compartir la funda de chifles con mis roomates en mi última noche allí. Pero, como les dije al principio, mantuve el contacto con Evelyn.

Semanas después, ella me invitó a la primera versión de Comida Casera virtual. Sería el un intercambio de recetas e historias vía Zoom. Así, en la noche del 4 abril, desde mi escritorio y con la lamparita prendida, fui partícipe de una conversación deliciosa que inspiró el artículo que publiqué acá. En esta ocasión, no podíamos comer, entonces Evelyn nos planteó compartir las recetas que nos han reconfortado en tiempos de cuarentena.

 

Lo que Evelyn tituló “recipe and story exchange“. Screenshot by me.

Esa noche, Evelyn nos compartió la receta de una sopa de pollo inspirado en el famoso ajiaco que su mamá, nacida en Colombia, siempre prepara.

“Les comparto una sopa porque es algo que siempre se toma cuando necesitamos curarnos”, dijo Evelyn en inglés para explicar por qué escogió esta receta, la cual, también había sido su cena de ese día.

Conocí a Jill y la receta de un mandel bread que su mamá le escribió en los 50s cuando ella se fue a la universidad y ahora disfruta en casa.

Conocí a Mel Taing (sí, la fotógrafa) y a su novio, que compartieron una receta de cacio e pepe, pasta que es parte de su historia de amor y prepararon esa noche para la cena virtual.

Conocí a Esha que se conectó desde la India y nos contó qué es un Rajma Chawal.

Yo compartí la receta del pan de banano de mi hermana, Gaby, que se ha hecho con frecuencia en la cuarentena. No era la única, Elisa nos dijo que no ha parado de hacer el pan de banano de su mamá en casa. Ambas acordamos en que las mejores bananas para este son las (casi) podridas.

Luego, cada una recibió un ebook digital que Rydz preparó con una compilación de todas las recetas.

 

El pan de banano de Elisa. 

¿Qué tiempos, no? Cubriendo un evento virtual, tomando fotos en forma de screenshot y conmoviéndome con historias de completas extrañas.  Pero, me pareció un ejercicio hermoso, un momento para respirar que llevo en el corazón. Ahora, les pregunto a ustedes: ¿qué receta inspiró una mujer que admiren? La verdad, si tengo que contestar, diría que mi lista es bien larga.

Comencé con el pan de banano de Gaby, pero también hablaría del hummus que Andrea hace muy bien … o una pizza de pimientos con champiñones que compartía en el colegio con Jenny, un postre inventado de la casa de Micaela a base de galletas María trituradas con mucha Nutella, patacones con guacamole que me daban en los cumpleaños de Doménica, las galletas de peanut butter que alguna vez hizo Majito, la torta de choclo de la casa de Isabella y el bizcochito que hace la querida Merce, mamá de Enzo.

Hablaría de la tortilla española de mi Tía Maritza, el pernil de mi Tía Patricia, la torta de cumple de mi mamá y los sanduches de atún que me llevan a mi infancia en Playas con Paola. Ni me pongo a hablar de las recetas de mi abuela porque no terminamos nunca de escribir. Queda claro que hay muchas mujeres que admiro, que inspiran y que extraño.

¡Qué viva la comida casera y las personas que la hacen!, especialmente, Evelyn.

 

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